viernes, 28 de octubre de 2011

Buscando la navidad

Entré corriendo al hipermercado junto con mi hermana y un amigo, cuando llegamos al amplio corredor principal, disminuimos la velocidad, todo parecía estar vacío, salvo por algunos empleados, todos con el mismo polo, conversaban entre ellos a lo lejos.  Al vernos, se empezaron a acercar, mi amigo entró a la tienda más cercana de la galería y se puso a jugar con la entrada automática de barras giratorias que había en frente del mostrador, mi hermana y yo lo veíamos un tanto aburridas.  Los empleados llegaron a nosotros y nos pidieron que nos vayamos, pero empezamos a reclamar ¿Dónde estaba toda la gente?, ellos no respondían y nos seguían botando...  Salimos y tomamos una combi, mi hermana y yo nos bajamos en el cruce de una calle, no sabíamos dónde estábamos pero teníamos la intuición que mi mamá estaba por allí, caminamos dos cuadras y llegamos a un gran local, ya era de noche.  El edificio tenía una gran portada, un patio muy amplio nos recibía, subimos unas escalinatas y llegamos a un corredor bastante ancho, el techo no era muy alto, el piso lleno de baldosas blancas relucía y al extremo izquierdo había una rampa que doblada hacia la izquierda.  Antes de llegar al auditorio, toda la gente empezó a salir, encontramos a mi mamá y mi hermana quería ir al baño.  Fuimos, y cuando intentábamos salir entre el mar de gente que avanzaba lentamente por el patio, mi mamá se dio cuenta que no tenía consigo su billetera, seguramente la había olvidado en el baño, me dijo que yo siguiera y que luego ella me alcanzaría en el parque, y se zambulló de regreso entre la gente junto con mi hermana.  Yo logré salir del edificio, miré al cielo y parecía estar atardeciendo, caminé hacia el parque que estaba a cuatro cuadras de allí, esperé mucho pero nadie venía así que caminé de regreso, al llegar a la portada del local, encontré a mi hermana y me dijo que mi mamá ya se había ido, que debíamos ir por ella.  En ese momento encontramos a mi primo y emprendimos una caminata hacia no sé dónde.  De pronto, nos encontrábamos muy abrigados caminando por calles sucias, húmedas, llenas de gente que iba y venía, parecía ser muy temprano, como las primeras horas de la mañana, el cielo estaba gris, había mucha bulla, las pistas estaban congestionadas de vehículos que botaban demasiado smoke.  En un cruce de dos avenidas, un triciclo ambulante se detuvo y me dijo "Aquí están tus cosas navideñas" y me entregó una bolsa de cartón llena de adornos, una guirnalda verde, partes de un árbol... ¡esas eran mis cosas!, las cosas que teníamos en casa, pero ahora las llevaba entre mis brazos y con dificultad esquivamos un área restringida por obras justo en la esquina, y seguimos caminando hasta llegar a una estación de tren.  Subimos al tren y a pesar de ir parados, notamos que el tren era bastante cómodo, estaba tapizado y nos aislaba del frío y de la bulla.  Una señora que estaba con su pequeño hijo y que también había estado en aquel local con mi mamá, nos empezó a hablar sobre la navidad.  Antes de bajar, el niño me dio un paquete de galletas de fresa y lo guardé en mi abrigo.  Llegamos a un mercado popular, todo lo que vendían era con motivos navideños, yo tenía que deshacerme de esos adornos que cargaba y empecé a vendérselos a los comerciantes.  A una señora le vendí unos adornos y cuando estaba apunto de vender la guirnalda, me sentí mal pues sentía que estaba matando la navidad.  En ese momento, apareció mi mamá con la señora y el niño del tren, corrimos en su dirección y todos nos abrazamos, no quería olvidarme de mi primo así que lo abracé muy fuerte.  Mi mamá dijo "Qué bueno que no te deshiciste de la guirnalda... es parte de nuestra navidad".  En ese momento recordé que ya era el cumpleaños de mi hermana, me giré hacia ella, saqué el paquete de galletas de mi bolsillo y se lo tendí diciendo "Feliz cumpleaños".

miércoles, 26 de octubre de 2011

Superinteractive dark network

Había un chico loco, muy loco, había inventado un twitter demasiado interactivo, mucho más interactivo de lo que es.  Era la única red social que podía abrir como un holograma en la palma de su mano, se estaba propagando como pan caliente, todos a mi alrededor lo utilizaban, de pronto se encontraban en una fiesta, saltando, bailando, twitteando en las palmas de sus manos.  Yo empecé a correr al sótano de ese local, abrí la tapa del tablero eléctrico y busqué la fuente de energía de los hologramas, tenía que haber algún botón, cuchilla, interruptor, algo, tenía que desactivarlo aunque pareciera imposible.  Alguien me llamó y me pidió que suba a un auto, era de noche, abrí una puerta de atrás y entré, habían tres personas más, y por la mirada que me dirigieron, me odiaban, eran dos chicos y una chica, y un chico más sentado en el copiloto.  El auto arrancó y se detuvo en un portón que daba al patio de un a casa.  Bajé, entré y encontré sentadas al borde de la jardinera, a tres amigas de mi colegio, las saludé después de muchísimos años, pero ellas me saludaron como si me hubieran visto hace diez minutos.  Fue frustrante, aún podía reconocer a las gemelas, nunca las había confundido, las conocía desde los cinco años.  Entré en la casa y habían algunas personas en la sala, personas que yo no quería ver, todas tenían apariencia de vampiros, sus vestimentas eran totalmente negras.  Mi mamá, que por alguna razón estaba sentada en un sofá con esas personas, me indicó que fuera a uno de los cuartos.  Entré al primer cuarto que vi y prendí la tv, pero no podía dejar de escuchar lo que hablaban afuera... que yo tenía que diseñar un centro de interpretación?

martes, 31 de mayo de 2011

Se acercan

Solo recuerdo que subí a un ascensor con un chico, un chico que jamás he visto. Pero supuestamente yo lo conocía y me advirtió que el ascensor podía ser rápido. La caja en la que estábamos era de un vidrio macizo con perfiles de acero. Presionó unos botones y el ascensor empezó a moverse, apreté los ojos para no ver como ascendíamos, pero me di cuenta que el movimiento de ascensión. El ascensor estaba avanzando lateralmente. Lo que estaba afuera empezó a pasar demasiado rápido, el ascensor empezó a vibrar fuertemente y empecé a tener miedo, estaba yendo demasiado rápido. El chico se acercó a mí y me abrazó fuerte evitando que vea al exterior. Pasaron varios minutos que parecían eternos, y el ascensor se detuvo. "Debemos de estar muy muy lejos" pensé. Salimos del ascensor, era de noche y nos encontrábamos en medio de unas ruinas. En el suelo, había rezagos de nieve. Empecé a caminar y a lo lejos pude ver un castillo ruso en ruinas. "Dios! tan lejos estamos?" pensé. "Ven, no te separes" me dijo el chico. Me acerqué a él y nos dirigimos hacia una construcción en el subsuelo. Parecía un cuartel militar. Me llevó hacia una sala, dijo "Espérame aquí" y luego se fue. Me quedé sentada en el sofá, detrás mío había una mampara. Salí y me encontré cerca al mar. Avancé y encontré a dos amigas, me hicieron señas para que las acompañe y juntas entramos al mar a pesar que era de noche. Llegamos a un montículo de tierra y nos sentamos allí, entonces vi que en el mar habían infinitas carpetas sumergidas, a través del agua negra podía ver los tableros blancos a la luz de la luna. Entonces sentí un movimiento en la orilla y volteé a mirar. A lo lejos vi un numeroso grupo de pelícanos que avanzaban hacia el mar en una perfecta fila a lo largo de la orilla, cada uno llevaba en el pico una barra de acero en posición horizontal. Esa imagen escalofriante los hacía parecer zombies. "A esta hora de la noche siempre hacen eso, entran al mar, cogen una carpeta, la aseguran con esa barra de acero y la arrastran hasta la orilla" dijo naturalmente una de mis amigas mientras yo miraba espantada como los pelícanos se iban acercando. Mi otra amiga estaba igual de espantada que yo y me pidió que llame a emergencias o a la policía. Saqué el celular y mis manos temblaban tanto que no podía marcar ninguna tecla, entonces vi que el nivel del agua se había reducido bastante y que si caminábamos hacia la orilla el agua nos llegaría a los tobillos. Entonces les dije que debíamos correr y así lo hicimos. Corrimos torpemente por la arena alejándonos de esos horribles pelícanos.



sábado, 21 de mayo de 2011

Odio las pistas


Mi banda favorita estaba dando un concierto en 4D en vivo y yo tenía que lavar los platos mientras toda mi familia incluyendo a mi abuelita lo veían en la tele, lo cual era raro, pues tengo manos alérgicas y mi mamá nunca deja que yo lave. Cuando terminé, subí a la habitación donde todos estaban viendo y vi que, efectivamente el concierto era en 4D, pero todo lo habían transformado a dibujos animados. Entonces recordé que el concierto se estaba filmando al lado de mi casa y esa era la razón de tanta bulla. Corrí a la ventana trasera, pues pensé que desde allí se vería perfectamente el escenario. Cuando miré por la ventana, me di cuenta que el concierto no estaba al lado sino a dos casas más allá, lo único que podía ver desde donde estaba era el descuidado patio del vecino, lleno de tierra, dos perros y un enorme chancho que no sé de dónde salieron. Bajé las escaleras y decidí dormir en la sala, pero allí había unas 7 chicas leyendo revistas. Me senté en la mesa del comedor preguntándome de dónde salieron esas chicas. Sobre la mesa del comedor habían unas fotos, todas con anotaciones, corazoncitos, estrellitas, algunas autografiadas hasta que encontré un trozo de cartón perfectamente forrado en fuxia y en el centro con texto impreso figuraba un nombre, ese nombre que he visto tantas veces en internet! una fan extremadamente loca que subtitula absolutamente todos los videos de la banda. Casi temblando solté el cartón y subí la mirada hacia los sillones de la sala, "Es una de elllas" me dije, "¿pero quién?", instantáneamente una por una me dirigió una mirada, "creo que es ella, no, ella, o tal vez ella" pensaba. Decidí no pensar más y subir para estar con mi familia, cuando llegué a la habitación mi papá se estaba despidiendo de mis tíos, ¿ya nos íbamos? pero... estábamos en nuestra casa! porque nos teníamos que ir? Fuimos al carro, pero entonces me di cuenta que ni mi mamá ni mi hermana estaban. Subieron al carro: mi papá, un amigo suyo y mi abuelita. Subí también y no sabía bien adónde íbamos. El auto avanzó por varios minutos y cuando llegamos a un cruce, mi abuelita dijo "Aquí bajo yo, de aquí, camino a mi casa, está cerca" Ok, esto era rarísimo porque mi abuelita nunca ha vivido sola y tampoco camina sola en estos tiempos. Pero lo que fue peor aún es que para bajar, abrió la puerta que daba hacia la pista, pues estaba de su lado, seguramente no quería incomodarme. Inmediatamente cerré la puerta y le dije "No, mejor por aquí" y le ayudé a bajar a la vereda. Entonces pensé "¿cómo va a caminar sola? eso es maldad!" y le dije "Abuelita, te acompaño hasta tu casa", a lo que ella respondió "No! no te preocupes, yo siempre camino por aquí" y mi papá dijo "Ya escuchaste, ahora sube". Entonces pensé que mi papá era un inhumano, lo que es raro, pues él siempre es gentil. Cogí a mi abuelita del brazo y le dije "Vamos". Doblamos la esquina y caminamos unas tres cuadras hasta llegar a un parque, un gran parque, muy bonito. Miré al cielo y pensé "este clima es excelente", lo cual también es raro porque el clima de Lima apesta. Los edificios empezaron a parecerme familiares "Una amiga vive por aquí" recordé. Atravesamos el parque y doblamos hacia la derecha, una cuadra más y llegamos a una muy transitada y muy muy ancha avenida. Mi abuelita llevaba una gruesa chompa blanca, la envolví bien, la abracé y dije "Ok, tenemos que cruzar esta pista". Esperé la luz roja y sin dejar que mi abuelita haga casi ningún esfuerzo, la sostuve bien y crucé a toda prisa. Cuando llegamos a la berma central, la luz cambió a verde, empezó a correr mucho frío, los veloces carros cortaban el aire, tan fuerte que trataba de tumbarme, entonces me di cuenta que al cambiar la luz a rojo, los carros de la vía transversal doblaría a toda prisa y esta dirección y nunca podría cruzar. La capucha de la chompa la cubría a mi abuelita del frío pero al mismo tiempo no podía ver casi nada y yo la sujetaba para que el aire no la empuje. Efectivamente, la luz cambió y todos los carros empezaron a doblar enfrente mío. Un señor en terno, nos observaba desde el frente, no le presté atención y a pesar que la luz estaba en verde, al ver que el flujo vehicular disminuía, crucé la pista cuando estuvo casi vacía. Antes de tocar la vereda del frente, el señor en terno se había acercado para ayudarnos a cruzar pero luego se alejó. En frente de nosotras, había una construcción, mi abuelita levantó un brazo y saludó a alguien, voltee a mirar y vi a mi tío Julio suspendido entre arneses entre las barras de acero. A la luz roja de la pista transversal, cruzamos y seguimos caminando sólo Dios sabe hacia dónde...



martes, 24 de agosto de 2010

AMENAZA

Recuerdo vagamente que estaba en un edificio, parecía una editorial, era muy reducido de espacio y todo estaba desordenado, había rumas de papeles y archivadores por todos lados. Un agente me acompañaba, lucía como el agente Smith de Matrix. No sé que hacía yo ahí, creo que era parte de algún grupo de trabajo y pasaba para inspeccionar cómo iba. Nos encontrábamos en un quinto piso. El agente me acompañó hasta el ascensor y se fue hacia uno de los estrechos pasillos. El ascensor era una chatarra, parecía una caja fuerte color verde militar. Cuando estuve dentro tuve una mala sensación, de pronto escuché un fuerte ruido y el ascensor se empezó a ir de picada hasta el primer piso. Yo estaba sentada en una de las esquinas con los brazos abiertos tratando de sostenerme de las paredes, gritando. La caída parecía eterna, finalmente la pesada caja cayó bruscamente al piso, el golpe fue doloroso, el ascensor se abolló y vi con horror cómo el techo del ascensor se encontraba más cerca de mí. Traté de consolarme pensando que ya no podía ser peor, que al menos ya había acabado, pero no era así. El ascensor empezó a sacudirse y súbitamente, se empezó a mover rapidísimo horizontalmente atravesando las oficinas, cada caída en un desnivel era espantosa, chocaba con escritorios, con rejas internas, hasta llegar casi a la entrada del edificio. Cuando el ascensor se encontraba ya en la recepción, se detuvo y con miedo supe lo que se venía. Nuevamente el ascensor se movió horizontalmente con violencia volviendo por la misma ruta, pasando por el lugar donde había caído hasta llegar a la pared de fondo del edificio, donde la caja rebotó alejándose varios metros, finalmente deteniéndose. Mientras yo, dentro, totalmente golpeada trataba de reincorporarme. Entre las puertas abolladas del ascensor se había abierto una ranura, entonces vi una mano gruesa entrar en la ranura y abrir con fuerza una puerta del ascensor. Era el agente, me tendió la mano y me ayudó a salir. Estábamos en un salón grande de paredes blancas, había papeles tirados por dondequiera. Caminé con dificultad hasta un rincón del salón y me dejé caer tratando de estar lo más alejada posible del ascensor asesino. Al sentarme, pude ver las profundas arañaduras sobre el parquet que había dejado el ascensor al desplazarse bruscamente. El agente revisaba el ascensor a través de sus lentes oscuros, al mismo tiempo que reportaba lo sucedido a alguien por walkie talkie. Yo me cogía la cabeza con ambas manos tratando de entender lo que sucedía. En eso, se abrió una puerta del fondo, se dejaba ver la luz del día sobre un jardín. Me levanté y caminé hacia la puerta, al salir, encontré a un grupo de muchachos con un guía que llevaba una camiseta blanca, shorts y chaleco beige, y el sombrero de Indiana Jones. Dijo "Ya estamos completos" y emprendió la caminata, los muchachos lo siguieron, entre ellos encontré a mi hermana, me acerqué a ella y le pregunté a dónde íbamos, ella dijo que nos dirigíamos al campo. Caminamos cuesta arriba de una colina, miré hacia la cima y vi al guía desaparecer tras ella. Cuando mi hermana y yo llegamos a la cima, vi una especie de punta cubierta de gras, tras ella sólo se veía el precipicio y una muerte segura. Le pregunté sorprendida "¿es necesarios que pasemos por aquí?" Ella me miró, alzó una pierna hacia el otro lado y saltó a lo que era un borde, sólo cuando estuve sobre la misma punta pude ver el camino que bordeaba el precipicio. Estaba muy adolorida con todo lo que había pasado, pero igual me esforcé por pasar al otro lado y alcanzar a la larga hilera de muchachos. El cielo estaba despejado y un arcoíris reinaba en el cielo, de pronto, me sentí estúpida en ese grupo de niños exploradores, así que traté de parecer indiferente con lo que el guía decía. Finalmente pasamos por un risco y llegamos a un llano, donde el guía extendía los brazos hacia el cielo y decía tontería y media. Cuando hubo terminado, nos dio un descanso. Me dirigí hacia un quiosco donde había un chico que vestía jeans, un polo blanco y una casaca verde oscuro con una franja naranja oblicua en cada brazo. El quiosco estaba totalmente cubierto de plantas y se encontraba pegado a una pared de piedra que parecía ser parte de unas ruinas, justo al lado del quiosco, había unas escalerillas de piedra bajo una entrada arqueada. Tras la pared se podía ver que continuaba el verde paisaje que ya habíamos visto. Dentro del kiosko, había un señor viendo una televisión pequeña en blanco y negro. Le pedí una Sprite y el chico de al lado me dijo “No compres, yo tengo una”. Entonces le dije al señor “Ya no quiero, gracias”. Pero el señor dijo “Lo siento, ya saqué una, tienes que pagarla”, al mismo tiempo que me mostraba una botella de Sprite con Inca Kola dentro. “Eso no es lo que le pedí” le dije. “Es Sprite”, replicó el señor. “La botella es de Sprite, pero el contenido es Inca Kola” le dije. “Ah, sí, ¿está mal?” preguntó. “Odio la Inca Kola” le contesté. “Está bien” dijo resignado. Me empecé a alejar con el chico mientras me decía que su Sprite la había comprado en un mini-market que parecía de grifo y que había estado todo el tiempo a nuestras espaldas. Me reí y de pronto apareció una chica en la entrada arqueada de piedra. Parecía una turista, estaba desesperada y se dirigió a nosotros, ya que éramos lo más cercano, por lo que retrocedimos hasta volver al kiosko. “¡Ayúdenme! ¡No sé qué le pasa a mi novio, está muy raro desde que se encontró con su amigo, está armado, está descontrolado, tiene la mirada perdida y dice que quiere desaparecer una planta muy rara, creo que se llama palmo o algo así!” nos dijo. Entonces recordé que esa planta era de un verde muy oscuro casi negro y que se parecía mucho a mi cabello y hasta tenía la misma composición. “¿Le has avisado a alguien?” preguntó el señor del kiosko. “Uds. son los primeros a los que encuentro” dijo. “¿Lo que tratas de decir es que tu novio está poseído?” preguntó el muchacho. “No lo sé” dijo la chica llorosa. De pronto vi en la parte superior de una inmensa roca que había tras ella, al hombre del que ella estaba hablando, apuntaba a la cabeza de la joven con un rifle. Entonces la empujé hacia la roca de tal manera que él no la vea, pero él bajó una pequeña pendiente y apareció al lado de ella, ésta gritó y la jalé de un brazo y los tres empezamos a correr. Entonces vi que los muchachos de la excursión que estaban dispersos en el campo, también corrían. La chica los siguió y se perdió en el campo, yo no sabía a dónde ir, el chico me cogió del brazo y me orientó hacia el mini-market, subimos unas escaleras con porcelanato. Entramos al mini-market y salimos por el otro lado. Nos encontrábamos en un pasillo cubierto con una pérgola llena de plantas con flores, a lo largo del pasillo, había una baranda de madera pintada de blanco que daba hacia un precipicio, me detuve a ver el paisaje, del otro lado del precipicio había unas inmensas colinas y al frente de nosotros pude ver el edificio de donde salí. Hacia un lado, muchos metros más abajo, pude ver una cascada, estaba admirada de ver tanta vegetación. Pero el muchacho que tenía al lado interrumpió, tras haber esperado unos minutos, no me había soltado el brazo y nuevamente me orientó corriendo, doblamos entrando a otro pasillo esta vez al aire libre y nos dirigimos hacia uno de los muchos saloncitos que había por el pasillo. Cerró la puerta de madera y miró hacia afuera a través de una delgada rendija. “Ven, por aquí” me dijo, lo seguí y subimos unas escaleras, al llegar al piso superior me di cuenta que estábamos en mi casa anterior, la luz del comedor, del porche y del estar estaban prendidas. El joven me miró y pude ver en sus ojos un resplandor que sólo tienen los adolescentes cuando quieren ser pícaros. Estaba a punto de acercarse cuando una turbulencia entró en el estar y apareció el novio poseído de la turista. Tenía los ojos desorbitados, llevaba unos vaqueros, una chaqueta de cuero y un viejo sombrero marrón claro, además del revólver en las manos. Alzó una mano hacia el muchacho y éste último salió despedido contra la pared cayendo inconsciente. Yo estaba muerta de miedo, sólo quedaba yo, sabía Dios a cuántos más habría lastimado o incluso matado. Sólo me quedaba una última carta, no tenía nada más que perder, si no lo hacía, igual me mataría. Recordé cuando la turista dijo que el poseído quería deshacerse de la planta rara, la que tenía el mismo compuesto que mi cabello, debía ser porque eso es lo que lo hace débil o seguramente lo mata. Corrí hacia él, tumbándolo, cogí mi cabello y se lo metí en la boca, el poseído gritaba con el rostro totalmente enrojecido, entonces traté de jalar con fuerza y arrancarme esa parte del cabello. Una vez que lo hice me arrastré lo más lejos que pude mientras veía como el espantoso sujeto moría asfixiado. Cuando dejó de respirar, me paré y me dirigí hacia aquel amable joven que yacía en el suelo. Lo tomé de un brazo, lo sacudí ligeramente y empezó a despertarse. Me alegré de que se encontrara bien y le dije “Quiero mi Sprite”.



martes, 17 de agosto de 2010

PRISA!

Por qué? por qué otra vez? es la 8va vez que aparece, pero en fin.

Desperté sobresaltada, estaba en el que fue mi dormitorio en mi casa anterior, y afuera había un alboroto. Mi mamá tocó la puerta de mi cuarto diciendo en voz alta que era tardísimo y que me apure. Lo había olvidado, un evento sobre... algo iba a empezar en pocos minutos y algunos muchachos se habían quedado en mi casa a dormir para asistir al evento que estaba cerca. Era tarde pero tenía que bañarme, cogí mi bata y mi toalla y abrí la puerta de mi cuarto. Afuera, en vez del hall que había en mi casa original, había un patio, en vez de piso, era tierra con algunas piedras y una que otra planta. Pude ver que las puertas de las habitaciones de en frente estaban abiertas, y en una de ellas, en la habitación del otro extremo, estaban dos personas que aborrezco. Sólo una de ellas me miró. Inmediatamente cerré la puerta, me miré en el espejo del tocador y verifiqué que estaba totalmente despeinada y en pijama. Odié que me haya visto. Mi mamá volvió a tocar la puerta y esta vez abrí una rendija y le dije en voz baja "Por qué no te llevas a todos de aquí? Yo me baño rápido en un momento los alcanzo, si?". Esperé dentro del dormitorio y al rato, dejé de escuchar bulla. Entonces salí a la intemperie pero no encontré el baño. Tuve que atravesar el campo en pantuflas hasta llegar a una biblioteca envidriada, mucho más moderna y limpia que la de mi facultad. Al lado de la biblioteca había un camino que llevaba a los baños. Tuve que pasar por ese camino cogiendo fuertemente mi bata y mi toalla, y por el vidrio unos chicos estudiosos sentados justo en orientación a mirarme, me observaban serios. Otra vez, recordé que estaba con pijama y sólo atiné a saludarlos con la mano avergonzadamente. Avancé rápidamente hacia los baños y una vez dentro, me miré en el espejo y vi que ya estaba adecuadamente vestida con unos jeans marrones, un saco azul oscuro y unas botas de gamuza azul. Pero lo que más me sorprendió es que sin haberme bañado mi cabello estuviera ordenado, fue entonces que me di cuenta que llevaba puesta una peluca similar a mi cabello pero en versión ordenado. Salí del baño y entré en la biblioteca envidriada, y en el lugar donde hace un rato habían mesas largas y estantes de libros, estaba despejado, sólo habían pequeños puestos adecuadamente distribuidos, el piso brillaba, habían bastantes ejecutivos, hombres vestidos de terno, mujeres con sastres. Era una exposición tecnológica. Empecé a observar con más detenimiento los pequeños puestos. Habían teléfonos celulares modernos, aparatos inteligentes, dispositivos de alta tecnología, etc. Supongo que ésta era el gran evento al que todos querían asistir. De casualidad voltié mirando hacia la entrada y pude ver que entre el tumulto de gente, entraba Superman. No estaba vestido elegantemente, sino más bien sport. Rápidamente voltié en sentido opuesto y empecé a caminar con prisa hacia el fondo. Tuve la esperanza de que no me reconociera con la peluca, pero muy al contrario, fue la peluca lo que llamó su atención. Gritó mi nombre, no mi apodo, sino mi nombre, con ese ímpetu y frialdad con que sólo él lo sabe pronunciar. Estaba a pocos metros detrás de mí, no me quedó opción y empecé a correr, corrí lo más que pude al mismo tiempo que él gritaba "¡No te vayas!". Corrí y vi que el gran hall de las exposiciones terminaba en un pórtico que daba lugar a una gran estancia. Ésta era bastante amplia, de paredes naranjas y el techo de doble altura, en la pared del fondo habían dos ascensores, sobre cada ascensor había un pequeño macetero con pequeñísimos helechos. Al lado derecho solo estaba la pared naranja. Al lado izquierdo un gran ventanal de doble altura que dejaba ver la naturaleza del paisaje. Faltaba poco para llegar al ascensor, pero lo que me aterraba era el tiempo que emplearía el ascensor en abrirse. Antes de llegar, concentré todas mis fuerzas en la mente, clavé la mirada en el boton del ascensor derecho y desié más que nada en el mundo que se abriera. Cuando llegué a estar a 2 metros del ascensor, éste se abrió pero Superman estaba demasiado cerca y el ascensor tardaría en cerrarse, así que corrí hacia la puerta del ascensor quedándome afuera y voltié a mirarlo. Estaba a punto de alcanzarme por lo que dió un gran salto hacia adelante al mismo tiempo que yo me tiraba hacia el lado de la otra pared naranja como si lo hiciera en una piscina. Caí sobre el piso rodando, cuando pude levantar la cabeza, vi a Superman levantándose debido al salto, dentro del ascensor, al mismo tiempo que las puertas se cerraban. Rápidamente, corrí hacia el ascensor y desesperadamente presioné unos pequeños botones que habían en la parte superior a los 2 botones principales, configurando así un programa de por lo menos 15 minutos en el que el ascensor subiría y bajaría por distintos pisos sin abrirse antes de poder ser manipulado desde adentro. Miré a través del gran ventanal, una hermosa camioneta negra, que afortunadamente era mía, esperaba por mí. Saliendo de esa estancia, tras el pórtico, había una salida hacia la libertad. Tiempo no tenía, así que corrí hacia la camioneta, entré y arranqué en primera. Al tiempo que avanzaba me di cuenta que efectivamente estaba dentro de la universidad. Estaba a punto de salir, cuando vi a x entrando en un edificio viejo de ladrillos que misteriosamente estaba al lado de las puerta 5. Yo debía salir! No entiendo por qué, pero bajé del carro y caminé lentamente hacia el edificio. Al entrar, lo único que vi fue una escalera caracol, el edificio estaba en ruinas, las escaleras estaban discontinuas, no tenía barandas ni tubo central sino más bien, el vacío. El paso era angostísimo y el ancho también, en algunas partes estaba el escalón completo; en otras, no; en otras, no había 1 o 2 escalones, habían además, pedazos de concreto regados en algunas esquinas. Subía y subía con miedo y mucho cuidado, parecía que nunca acabaría. Cuando llegué al final de la escalera, vi lo que parecía un piso de hospital, una oxidada reja naranja que cubría el doble ancho de la escalera, obstruía el paso. Del otro lado de la reja, en frente d emí, había una enfermera gorda de brazos cruzados, parecía un zombie, detrás de ella había una ventanilla. Las paredes eran verdes, sucias y llenas de moho. Al lado izquierdo había una sala de espera con sillas viejas y rotas, al lado derecho había una antigua puerta de madera rústica entreabierta, me trepé de la reja y pude ver por la abertura de la puerta, a x caminando tranquilamente sobre el patio con tierra en vez de piso con el cual empecé el sueño. Entonces, seguí trepando por la reja y observé que la única manera de pasar al otro lado era por una abertura que se encontraba cerca al techo y sobre la parte más baja de la escalera, corriendo así más riesgo. Estaba cansada, pero aún así trepé hasta llegar a la abertura y logré pasar con dificultad. Cuando salté hacia dentro, la enfermara me miraba con la cara fruncida. Abrí la pesada puerta despacio, entré en el patio y un sol demasiado radiante me cegó por un buen rato.