Había un chico loco, muy loco, había inventado un twitter demasiado interactivo, mucho más interactivo de lo que es. Era la única red social que podía abrir como un holograma en la palma de su mano, se estaba propagando como pan caliente, todos a mi alrededor lo utilizaban, de pronto se encontraban en una fiesta, saltando, bailando, twitteando en las palmas de sus manos. Yo empecé a correr al sótano de ese local, abrí la tapa del tablero eléctrico y busqué la fuente de energía de los hologramas, tenía que haber algún botón, cuchilla, interruptor, algo, tenía que desactivarlo aunque pareciera imposible. Alguien me llamó y me pidió que suba a un auto, era de noche, abrí una puerta de atrás y entré, habían tres personas más, y por la mirada que me dirigieron, me odiaban, eran dos chicos y una chica, y un chico más sentado en el copiloto. El auto arrancó y se detuvo en un portón que daba al patio de un a casa. Bajé, entré y encontré sentadas al borde de la jardinera, a tres amigas de mi colegio, las saludé después de muchísimos años, pero ellas me saludaron como si me hubieran visto hace diez minutos. Fue frustrante, aún podía reconocer a las gemelas, nunca las había confundido, las conocía desde los cinco años. Entré en la casa y habían algunas personas en la sala, personas que yo no quería ver, todas tenían apariencia de vampiros, sus vestimentas eran totalmente negras. Mi mamá, que por alguna razón estaba sentada en un sofá con esas personas, me indicó que fuera a uno de los cuartos. Entré al primer cuarto que vi y prendí la tv, pero no podía dejar de escuchar lo que hablaban afuera... que yo tenía que diseñar un centro de interpretación?
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