viernes, 28 de octubre de 2011

Buscando la navidad

Entré corriendo al hipermercado junto con mi hermana y un amigo, cuando llegamos al amplio corredor principal, disminuimos la velocidad, todo parecía estar vacío, salvo por algunos empleados, todos con el mismo polo, conversaban entre ellos a lo lejos.  Al vernos, se empezaron a acercar, mi amigo entró a la tienda más cercana de la galería y se puso a jugar con la entrada automática de barras giratorias que había en frente del mostrador, mi hermana y yo lo veíamos un tanto aburridas.  Los empleados llegaron a nosotros y nos pidieron que nos vayamos, pero empezamos a reclamar ¿Dónde estaba toda la gente?, ellos no respondían y nos seguían botando...  Salimos y tomamos una combi, mi hermana y yo nos bajamos en el cruce de una calle, no sabíamos dónde estábamos pero teníamos la intuición que mi mamá estaba por allí, caminamos dos cuadras y llegamos a un gran local, ya era de noche.  El edificio tenía una gran portada, un patio muy amplio nos recibía, subimos unas escalinatas y llegamos a un corredor bastante ancho, el techo no era muy alto, el piso lleno de baldosas blancas relucía y al extremo izquierdo había una rampa que doblada hacia la izquierda.  Antes de llegar al auditorio, toda la gente empezó a salir, encontramos a mi mamá y mi hermana quería ir al baño.  Fuimos, y cuando intentábamos salir entre el mar de gente que avanzaba lentamente por el patio, mi mamá se dio cuenta que no tenía consigo su billetera, seguramente la había olvidado en el baño, me dijo que yo siguiera y que luego ella me alcanzaría en el parque, y se zambulló de regreso entre la gente junto con mi hermana.  Yo logré salir del edificio, miré al cielo y parecía estar atardeciendo, caminé hacia el parque que estaba a cuatro cuadras de allí, esperé mucho pero nadie venía así que caminé de regreso, al llegar a la portada del local, encontré a mi hermana y me dijo que mi mamá ya se había ido, que debíamos ir por ella.  En ese momento encontramos a mi primo y emprendimos una caminata hacia no sé dónde.  De pronto, nos encontrábamos muy abrigados caminando por calles sucias, húmedas, llenas de gente que iba y venía, parecía ser muy temprano, como las primeras horas de la mañana, el cielo estaba gris, había mucha bulla, las pistas estaban congestionadas de vehículos que botaban demasiado smoke.  En un cruce de dos avenidas, un triciclo ambulante se detuvo y me dijo "Aquí están tus cosas navideñas" y me entregó una bolsa de cartón llena de adornos, una guirnalda verde, partes de un árbol... ¡esas eran mis cosas!, las cosas que teníamos en casa, pero ahora las llevaba entre mis brazos y con dificultad esquivamos un área restringida por obras justo en la esquina, y seguimos caminando hasta llegar a una estación de tren.  Subimos al tren y a pesar de ir parados, notamos que el tren era bastante cómodo, estaba tapizado y nos aislaba del frío y de la bulla.  Una señora que estaba con su pequeño hijo y que también había estado en aquel local con mi mamá, nos empezó a hablar sobre la navidad.  Antes de bajar, el niño me dio un paquete de galletas de fresa y lo guardé en mi abrigo.  Llegamos a un mercado popular, todo lo que vendían era con motivos navideños, yo tenía que deshacerme de esos adornos que cargaba y empecé a vendérselos a los comerciantes.  A una señora le vendí unos adornos y cuando estaba apunto de vender la guirnalda, me sentí mal pues sentía que estaba matando la navidad.  En ese momento, apareció mi mamá con la señora y el niño del tren, corrimos en su dirección y todos nos abrazamos, no quería olvidarme de mi primo así que lo abracé muy fuerte.  Mi mamá dijo "Qué bueno que no te deshiciste de la guirnalda... es parte de nuestra navidad".  En ese momento recordé que ya era el cumpleaños de mi hermana, me giré hacia ella, saqué el paquete de galletas de mi bolsillo y se lo tendí diciendo "Feliz cumpleaños".

miércoles, 26 de octubre de 2011

Superinteractive dark network

Había un chico loco, muy loco, había inventado un twitter demasiado interactivo, mucho más interactivo de lo que es.  Era la única red social que podía abrir como un holograma en la palma de su mano, se estaba propagando como pan caliente, todos a mi alrededor lo utilizaban, de pronto se encontraban en una fiesta, saltando, bailando, twitteando en las palmas de sus manos.  Yo empecé a correr al sótano de ese local, abrí la tapa del tablero eléctrico y busqué la fuente de energía de los hologramas, tenía que haber algún botón, cuchilla, interruptor, algo, tenía que desactivarlo aunque pareciera imposible.  Alguien me llamó y me pidió que suba a un auto, era de noche, abrí una puerta de atrás y entré, habían tres personas más, y por la mirada que me dirigieron, me odiaban, eran dos chicos y una chica, y un chico más sentado en el copiloto.  El auto arrancó y se detuvo en un portón que daba al patio de un a casa.  Bajé, entré y encontré sentadas al borde de la jardinera, a tres amigas de mi colegio, las saludé después de muchísimos años, pero ellas me saludaron como si me hubieran visto hace diez minutos.  Fue frustrante, aún podía reconocer a las gemelas, nunca las había confundido, las conocía desde los cinco años.  Entré en la casa y habían algunas personas en la sala, personas que yo no quería ver, todas tenían apariencia de vampiros, sus vestimentas eran totalmente negras.  Mi mamá, que por alguna razón estaba sentada en un sofá con esas personas, me indicó que fuera a uno de los cuartos.  Entré al primer cuarto que vi y prendí la tv, pero no podía dejar de escuchar lo que hablaban afuera... que yo tenía que diseñar un centro de interpretación?

martes, 31 de mayo de 2011

Se acercan

Solo recuerdo que subí a un ascensor con un chico, un chico que jamás he visto. Pero supuestamente yo lo conocía y me advirtió que el ascensor podía ser rápido. La caja en la que estábamos era de un vidrio macizo con perfiles de acero. Presionó unos botones y el ascensor empezó a moverse, apreté los ojos para no ver como ascendíamos, pero me di cuenta que el movimiento de ascensión. El ascensor estaba avanzando lateralmente. Lo que estaba afuera empezó a pasar demasiado rápido, el ascensor empezó a vibrar fuertemente y empecé a tener miedo, estaba yendo demasiado rápido. El chico se acercó a mí y me abrazó fuerte evitando que vea al exterior. Pasaron varios minutos que parecían eternos, y el ascensor se detuvo. "Debemos de estar muy muy lejos" pensé. Salimos del ascensor, era de noche y nos encontrábamos en medio de unas ruinas. En el suelo, había rezagos de nieve. Empecé a caminar y a lo lejos pude ver un castillo ruso en ruinas. "Dios! tan lejos estamos?" pensé. "Ven, no te separes" me dijo el chico. Me acerqué a él y nos dirigimos hacia una construcción en el subsuelo. Parecía un cuartel militar. Me llevó hacia una sala, dijo "Espérame aquí" y luego se fue. Me quedé sentada en el sofá, detrás mío había una mampara. Salí y me encontré cerca al mar. Avancé y encontré a dos amigas, me hicieron señas para que las acompañe y juntas entramos al mar a pesar que era de noche. Llegamos a un montículo de tierra y nos sentamos allí, entonces vi que en el mar habían infinitas carpetas sumergidas, a través del agua negra podía ver los tableros blancos a la luz de la luna. Entonces sentí un movimiento en la orilla y volteé a mirar. A lo lejos vi un numeroso grupo de pelícanos que avanzaban hacia el mar en una perfecta fila a lo largo de la orilla, cada uno llevaba en el pico una barra de acero en posición horizontal. Esa imagen escalofriante los hacía parecer zombies. "A esta hora de la noche siempre hacen eso, entran al mar, cogen una carpeta, la aseguran con esa barra de acero y la arrastran hasta la orilla" dijo naturalmente una de mis amigas mientras yo miraba espantada como los pelícanos se iban acercando. Mi otra amiga estaba igual de espantada que yo y me pidió que llame a emergencias o a la policía. Saqué el celular y mis manos temblaban tanto que no podía marcar ninguna tecla, entonces vi que el nivel del agua se había reducido bastante y que si caminábamos hacia la orilla el agua nos llegaría a los tobillos. Entonces les dije que debíamos correr y así lo hicimos. Corrimos torpemente por la arena alejándonos de esos horribles pelícanos.



sábado, 21 de mayo de 2011

Odio las pistas


Mi banda favorita estaba dando un concierto en 4D en vivo y yo tenía que lavar los platos mientras toda mi familia incluyendo a mi abuelita lo veían en la tele, lo cual era raro, pues tengo manos alérgicas y mi mamá nunca deja que yo lave. Cuando terminé, subí a la habitación donde todos estaban viendo y vi que, efectivamente el concierto era en 4D, pero todo lo habían transformado a dibujos animados. Entonces recordé que el concierto se estaba filmando al lado de mi casa y esa era la razón de tanta bulla. Corrí a la ventana trasera, pues pensé que desde allí se vería perfectamente el escenario. Cuando miré por la ventana, me di cuenta que el concierto no estaba al lado sino a dos casas más allá, lo único que podía ver desde donde estaba era el descuidado patio del vecino, lleno de tierra, dos perros y un enorme chancho que no sé de dónde salieron. Bajé las escaleras y decidí dormir en la sala, pero allí había unas 7 chicas leyendo revistas. Me senté en la mesa del comedor preguntándome de dónde salieron esas chicas. Sobre la mesa del comedor habían unas fotos, todas con anotaciones, corazoncitos, estrellitas, algunas autografiadas hasta que encontré un trozo de cartón perfectamente forrado en fuxia y en el centro con texto impreso figuraba un nombre, ese nombre que he visto tantas veces en internet! una fan extremadamente loca que subtitula absolutamente todos los videos de la banda. Casi temblando solté el cartón y subí la mirada hacia los sillones de la sala, "Es una de elllas" me dije, "¿pero quién?", instantáneamente una por una me dirigió una mirada, "creo que es ella, no, ella, o tal vez ella" pensaba. Decidí no pensar más y subir para estar con mi familia, cuando llegué a la habitación mi papá se estaba despidiendo de mis tíos, ¿ya nos íbamos? pero... estábamos en nuestra casa! porque nos teníamos que ir? Fuimos al carro, pero entonces me di cuenta que ni mi mamá ni mi hermana estaban. Subieron al carro: mi papá, un amigo suyo y mi abuelita. Subí también y no sabía bien adónde íbamos. El auto avanzó por varios minutos y cuando llegamos a un cruce, mi abuelita dijo "Aquí bajo yo, de aquí, camino a mi casa, está cerca" Ok, esto era rarísimo porque mi abuelita nunca ha vivido sola y tampoco camina sola en estos tiempos. Pero lo que fue peor aún es que para bajar, abrió la puerta que daba hacia la pista, pues estaba de su lado, seguramente no quería incomodarme. Inmediatamente cerré la puerta y le dije "No, mejor por aquí" y le ayudé a bajar a la vereda. Entonces pensé "¿cómo va a caminar sola? eso es maldad!" y le dije "Abuelita, te acompaño hasta tu casa", a lo que ella respondió "No! no te preocupes, yo siempre camino por aquí" y mi papá dijo "Ya escuchaste, ahora sube". Entonces pensé que mi papá era un inhumano, lo que es raro, pues él siempre es gentil. Cogí a mi abuelita del brazo y le dije "Vamos". Doblamos la esquina y caminamos unas tres cuadras hasta llegar a un parque, un gran parque, muy bonito. Miré al cielo y pensé "este clima es excelente", lo cual también es raro porque el clima de Lima apesta. Los edificios empezaron a parecerme familiares "Una amiga vive por aquí" recordé. Atravesamos el parque y doblamos hacia la derecha, una cuadra más y llegamos a una muy transitada y muy muy ancha avenida. Mi abuelita llevaba una gruesa chompa blanca, la envolví bien, la abracé y dije "Ok, tenemos que cruzar esta pista". Esperé la luz roja y sin dejar que mi abuelita haga casi ningún esfuerzo, la sostuve bien y crucé a toda prisa. Cuando llegamos a la berma central, la luz cambió a verde, empezó a correr mucho frío, los veloces carros cortaban el aire, tan fuerte que trataba de tumbarme, entonces me di cuenta que al cambiar la luz a rojo, los carros de la vía transversal doblaría a toda prisa y esta dirección y nunca podría cruzar. La capucha de la chompa la cubría a mi abuelita del frío pero al mismo tiempo no podía ver casi nada y yo la sujetaba para que el aire no la empuje. Efectivamente, la luz cambió y todos los carros empezaron a doblar enfrente mío. Un señor en terno, nos observaba desde el frente, no le presté atención y a pesar que la luz estaba en verde, al ver que el flujo vehicular disminuía, crucé la pista cuando estuvo casi vacía. Antes de tocar la vereda del frente, el señor en terno se había acercado para ayudarnos a cruzar pero luego se alejó. En frente de nosotras, había una construcción, mi abuelita levantó un brazo y saludó a alguien, voltee a mirar y vi a mi tío Julio suspendido entre arneses entre las barras de acero. A la luz roja de la pista transversal, cruzamos y seguimos caminando sólo Dios sabe hacia dónde...