martes, 24 de agosto de 2010

AMENAZA

Recuerdo vagamente que estaba en un edificio, parecía una editorial, era muy reducido de espacio y todo estaba desordenado, había rumas de papeles y archivadores por todos lados. Un agente me acompañaba, lucía como el agente Smith de Matrix. No sé que hacía yo ahí, creo que era parte de algún grupo de trabajo y pasaba para inspeccionar cómo iba. Nos encontrábamos en un quinto piso. El agente me acompañó hasta el ascensor y se fue hacia uno de los estrechos pasillos. El ascensor era una chatarra, parecía una caja fuerte color verde militar. Cuando estuve dentro tuve una mala sensación, de pronto escuché un fuerte ruido y el ascensor se empezó a ir de picada hasta el primer piso. Yo estaba sentada en una de las esquinas con los brazos abiertos tratando de sostenerme de las paredes, gritando. La caída parecía eterna, finalmente la pesada caja cayó bruscamente al piso, el golpe fue doloroso, el ascensor se abolló y vi con horror cómo el techo del ascensor se encontraba más cerca de mí. Traté de consolarme pensando que ya no podía ser peor, que al menos ya había acabado, pero no era así. El ascensor empezó a sacudirse y súbitamente, se empezó a mover rapidísimo horizontalmente atravesando las oficinas, cada caída en un desnivel era espantosa, chocaba con escritorios, con rejas internas, hasta llegar casi a la entrada del edificio. Cuando el ascensor se encontraba ya en la recepción, se detuvo y con miedo supe lo que se venía. Nuevamente el ascensor se movió horizontalmente con violencia volviendo por la misma ruta, pasando por el lugar donde había caído hasta llegar a la pared de fondo del edificio, donde la caja rebotó alejándose varios metros, finalmente deteniéndose. Mientras yo, dentro, totalmente golpeada trataba de reincorporarme. Entre las puertas abolladas del ascensor se había abierto una ranura, entonces vi una mano gruesa entrar en la ranura y abrir con fuerza una puerta del ascensor. Era el agente, me tendió la mano y me ayudó a salir. Estábamos en un salón grande de paredes blancas, había papeles tirados por dondequiera. Caminé con dificultad hasta un rincón del salón y me dejé caer tratando de estar lo más alejada posible del ascensor asesino. Al sentarme, pude ver las profundas arañaduras sobre el parquet que había dejado el ascensor al desplazarse bruscamente. El agente revisaba el ascensor a través de sus lentes oscuros, al mismo tiempo que reportaba lo sucedido a alguien por walkie talkie. Yo me cogía la cabeza con ambas manos tratando de entender lo que sucedía. En eso, se abrió una puerta del fondo, se dejaba ver la luz del día sobre un jardín. Me levanté y caminé hacia la puerta, al salir, encontré a un grupo de muchachos con un guía que llevaba una camiseta blanca, shorts y chaleco beige, y el sombrero de Indiana Jones. Dijo "Ya estamos completos" y emprendió la caminata, los muchachos lo siguieron, entre ellos encontré a mi hermana, me acerqué a ella y le pregunté a dónde íbamos, ella dijo que nos dirigíamos al campo. Caminamos cuesta arriba de una colina, miré hacia la cima y vi al guía desaparecer tras ella. Cuando mi hermana y yo llegamos a la cima, vi una especie de punta cubierta de gras, tras ella sólo se veía el precipicio y una muerte segura. Le pregunté sorprendida "¿es necesarios que pasemos por aquí?" Ella me miró, alzó una pierna hacia el otro lado y saltó a lo que era un borde, sólo cuando estuve sobre la misma punta pude ver el camino que bordeaba el precipicio. Estaba muy adolorida con todo lo que había pasado, pero igual me esforcé por pasar al otro lado y alcanzar a la larga hilera de muchachos. El cielo estaba despejado y un arcoíris reinaba en el cielo, de pronto, me sentí estúpida en ese grupo de niños exploradores, así que traté de parecer indiferente con lo que el guía decía. Finalmente pasamos por un risco y llegamos a un llano, donde el guía extendía los brazos hacia el cielo y decía tontería y media. Cuando hubo terminado, nos dio un descanso. Me dirigí hacia un quiosco donde había un chico que vestía jeans, un polo blanco y una casaca verde oscuro con una franja naranja oblicua en cada brazo. El quiosco estaba totalmente cubierto de plantas y se encontraba pegado a una pared de piedra que parecía ser parte de unas ruinas, justo al lado del quiosco, había unas escalerillas de piedra bajo una entrada arqueada. Tras la pared se podía ver que continuaba el verde paisaje que ya habíamos visto. Dentro del kiosko, había un señor viendo una televisión pequeña en blanco y negro. Le pedí una Sprite y el chico de al lado me dijo “No compres, yo tengo una”. Entonces le dije al señor “Ya no quiero, gracias”. Pero el señor dijo “Lo siento, ya saqué una, tienes que pagarla”, al mismo tiempo que me mostraba una botella de Sprite con Inca Kola dentro. “Eso no es lo que le pedí” le dije. “Es Sprite”, replicó el señor. “La botella es de Sprite, pero el contenido es Inca Kola” le dije. “Ah, sí, ¿está mal?” preguntó. “Odio la Inca Kola” le contesté. “Está bien” dijo resignado. Me empecé a alejar con el chico mientras me decía que su Sprite la había comprado en un mini-market que parecía de grifo y que había estado todo el tiempo a nuestras espaldas. Me reí y de pronto apareció una chica en la entrada arqueada de piedra. Parecía una turista, estaba desesperada y se dirigió a nosotros, ya que éramos lo más cercano, por lo que retrocedimos hasta volver al kiosko. “¡Ayúdenme! ¡No sé qué le pasa a mi novio, está muy raro desde que se encontró con su amigo, está armado, está descontrolado, tiene la mirada perdida y dice que quiere desaparecer una planta muy rara, creo que se llama palmo o algo así!” nos dijo. Entonces recordé que esa planta era de un verde muy oscuro casi negro y que se parecía mucho a mi cabello y hasta tenía la misma composición. “¿Le has avisado a alguien?” preguntó el señor del kiosko. “Uds. son los primeros a los que encuentro” dijo. “¿Lo que tratas de decir es que tu novio está poseído?” preguntó el muchacho. “No lo sé” dijo la chica llorosa. De pronto vi en la parte superior de una inmensa roca que había tras ella, al hombre del que ella estaba hablando, apuntaba a la cabeza de la joven con un rifle. Entonces la empujé hacia la roca de tal manera que él no la vea, pero él bajó una pequeña pendiente y apareció al lado de ella, ésta gritó y la jalé de un brazo y los tres empezamos a correr. Entonces vi que los muchachos de la excursión que estaban dispersos en el campo, también corrían. La chica los siguió y se perdió en el campo, yo no sabía a dónde ir, el chico me cogió del brazo y me orientó hacia el mini-market, subimos unas escaleras con porcelanato. Entramos al mini-market y salimos por el otro lado. Nos encontrábamos en un pasillo cubierto con una pérgola llena de plantas con flores, a lo largo del pasillo, había una baranda de madera pintada de blanco que daba hacia un precipicio, me detuve a ver el paisaje, del otro lado del precipicio había unas inmensas colinas y al frente de nosotros pude ver el edificio de donde salí. Hacia un lado, muchos metros más abajo, pude ver una cascada, estaba admirada de ver tanta vegetación. Pero el muchacho que tenía al lado interrumpió, tras haber esperado unos minutos, no me había soltado el brazo y nuevamente me orientó corriendo, doblamos entrando a otro pasillo esta vez al aire libre y nos dirigimos hacia uno de los muchos saloncitos que había por el pasillo. Cerró la puerta de madera y miró hacia afuera a través de una delgada rendija. “Ven, por aquí” me dijo, lo seguí y subimos unas escaleras, al llegar al piso superior me di cuenta que estábamos en mi casa anterior, la luz del comedor, del porche y del estar estaban prendidas. El joven me miró y pude ver en sus ojos un resplandor que sólo tienen los adolescentes cuando quieren ser pícaros. Estaba a punto de acercarse cuando una turbulencia entró en el estar y apareció el novio poseído de la turista. Tenía los ojos desorbitados, llevaba unos vaqueros, una chaqueta de cuero y un viejo sombrero marrón claro, además del revólver en las manos. Alzó una mano hacia el muchacho y éste último salió despedido contra la pared cayendo inconsciente. Yo estaba muerta de miedo, sólo quedaba yo, sabía Dios a cuántos más habría lastimado o incluso matado. Sólo me quedaba una última carta, no tenía nada más que perder, si no lo hacía, igual me mataría. Recordé cuando la turista dijo que el poseído quería deshacerse de la planta rara, la que tenía el mismo compuesto que mi cabello, debía ser porque eso es lo que lo hace débil o seguramente lo mata. Corrí hacia él, tumbándolo, cogí mi cabello y se lo metí en la boca, el poseído gritaba con el rostro totalmente enrojecido, entonces traté de jalar con fuerza y arrancarme esa parte del cabello. Una vez que lo hice me arrastré lo más lejos que pude mientras veía como el espantoso sujeto moría asfixiado. Cuando dejó de respirar, me paré y me dirigí hacia aquel amable joven que yacía en el suelo. Lo tomé de un brazo, lo sacudí ligeramente y empezó a despertarse. Me alegré de que se encontrara bien y le dije “Quiero mi Sprite”.



martes, 17 de agosto de 2010

PRISA!

Por qué? por qué otra vez? es la 8va vez que aparece, pero en fin.

Desperté sobresaltada, estaba en el que fue mi dormitorio en mi casa anterior, y afuera había un alboroto. Mi mamá tocó la puerta de mi cuarto diciendo en voz alta que era tardísimo y que me apure. Lo había olvidado, un evento sobre... algo iba a empezar en pocos minutos y algunos muchachos se habían quedado en mi casa a dormir para asistir al evento que estaba cerca. Era tarde pero tenía que bañarme, cogí mi bata y mi toalla y abrí la puerta de mi cuarto. Afuera, en vez del hall que había en mi casa original, había un patio, en vez de piso, era tierra con algunas piedras y una que otra planta. Pude ver que las puertas de las habitaciones de en frente estaban abiertas, y en una de ellas, en la habitación del otro extremo, estaban dos personas que aborrezco. Sólo una de ellas me miró. Inmediatamente cerré la puerta, me miré en el espejo del tocador y verifiqué que estaba totalmente despeinada y en pijama. Odié que me haya visto. Mi mamá volvió a tocar la puerta y esta vez abrí una rendija y le dije en voz baja "Por qué no te llevas a todos de aquí? Yo me baño rápido en un momento los alcanzo, si?". Esperé dentro del dormitorio y al rato, dejé de escuchar bulla. Entonces salí a la intemperie pero no encontré el baño. Tuve que atravesar el campo en pantuflas hasta llegar a una biblioteca envidriada, mucho más moderna y limpia que la de mi facultad. Al lado de la biblioteca había un camino que llevaba a los baños. Tuve que pasar por ese camino cogiendo fuertemente mi bata y mi toalla, y por el vidrio unos chicos estudiosos sentados justo en orientación a mirarme, me observaban serios. Otra vez, recordé que estaba con pijama y sólo atiné a saludarlos con la mano avergonzadamente. Avancé rápidamente hacia los baños y una vez dentro, me miré en el espejo y vi que ya estaba adecuadamente vestida con unos jeans marrones, un saco azul oscuro y unas botas de gamuza azul. Pero lo que más me sorprendió es que sin haberme bañado mi cabello estuviera ordenado, fue entonces que me di cuenta que llevaba puesta una peluca similar a mi cabello pero en versión ordenado. Salí del baño y entré en la biblioteca envidriada, y en el lugar donde hace un rato habían mesas largas y estantes de libros, estaba despejado, sólo habían pequeños puestos adecuadamente distribuidos, el piso brillaba, habían bastantes ejecutivos, hombres vestidos de terno, mujeres con sastres. Era una exposición tecnológica. Empecé a observar con más detenimiento los pequeños puestos. Habían teléfonos celulares modernos, aparatos inteligentes, dispositivos de alta tecnología, etc. Supongo que ésta era el gran evento al que todos querían asistir. De casualidad voltié mirando hacia la entrada y pude ver que entre el tumulto de gente, entraba Superman. No estaba vestido elegantemente, sino más bien sport. Rápidamente voltié en sentido opuesto y empecé a caminar con prisa hacia el fondo. Tuve la esperanza de que no me reconociera con la peluca, pero muy al contrario, fue la peluca lo que llamó su atención. Gritó mi nombre, no mi apodo, sino mi nombre, con ese ímpetu y frialdad con que sólo él lo sabe pronunciar. Estaba a pocos metros detrás de mí, no me quedó opción y empecé a correr, corrí lo más que pude al mismo tiempo que él gritaba "¡No te vayas!". Corrí y vi que el gran hall de las exposiciones terminaba en un pórtico que daba lugar a una gran estancia. Ésta era bastante amplia, de paredes naranjas y el techo de doble altura, en la pared del fondo habían dos ascensores, sobre cada ascensor había un pequeño macetero con pequeñísimos helechos. Al lado derecho solo estaba la pared naranja. Al lado izquierdo un gran ventanal de doble altura que dejaba ver la naturaleza del paisaje. Faltaba poco para llegar al ascensor, pero lo que me aterraba era el tiempo que emplearía el ascensor en abrirse. Antes de llegar, concentré todas mis fuerzas en la mente, clavé la mirada en el boton del ascensor derecho y desié más que nada en el mundo que se abriera. Cuando llegué a estar a 2 metros del ascensor, éste se abrió pero Superman estaba demasiado cerca y el ascensor tardaría en cerrarse, así que corrí hacia la puerta del ascensor quedándome afuera y voltié a mirarlo. Estaba a punto de alcanzarme por lo que dió un gran salto hacia adelante al mismo tiempo que yo me tiraba hacia el lado de la otra pared naranja como si lo hiciera en una piscina. Caí sobre el piso rodando, cuando pude levantar la cabeza, vi a Superman levantándose debido al salto, dentro del ascensor, al mismo tiempo que las puertas se cerraban. Rápidamente, corrí hacia el ascensor y desesperadamente presioné unos pequeños botones que habían en la parte superior a los 2 botones principales, configurando así un programa de por lo menos 15 minutos en el que el ascensor subiría y bajaría por distintos pisos sin abrirse antes de poder ser manipulado desde adentro. Miré a través del gran ventanal, una hermosa camioneta negra, que afortunadamente era mía, esperaba por mí. Saliendo de esa estancia, tras el pórtico, había una salida hacia la libertad. Tiempo no tenía, así que corrí hacia la camioneta, entré y arranqué en primera. Al tiempo que avanzaba me di cuenta que efectivamente estaba dentro de la universidad. Estaba a punto de salir, cuando vi a x entrando en un edificio viejo de ladrillos que misteriosamente estaba al lado de las puerta 5. Yo debía salir! No entiendo por qué, pero bajé del carro y caminé lentamente hacia el edificio. Al entrar, lo único que vi fue una escalera caracol, el edificio estaba en ruinas, las escaleras estaban discontinuas, no tenía barandas ni tubo central sino más bien, el vacío. El paso era angostísimo y el ancho también, en algunas partes estaba el escalón completo; en otras, no; en otras, no había 1 o 2 escalones, habían además, pedazos de concreto regados en algunas esquinas. Subía y subía con miedo y mucho cuidado, parecía que nunca acabaría. Cuando llegué al final de la escalera, vi lo que parecía un piso de hospital, una oxidada reja naranja que cubría el doble ancho de la escalera, obstruía el paso. Del otro lado de la reja, en frente d emí, había una enfermera gorda de brazos cruzados, parecía un zombie, detrás de ella había una ventanilla. Las paredes eran verdes, sucias y llenas de moho. Al lado izquierdo había una sala de espera con sillas viejas y rotas, al lado derecho había una antigua puerta de madera rústica entreabierta, me trepé de la reja y pude ver por la abertura de la puerta, a x caminando tranquilamente sobre el patio con tierra en vez de piso con el cual empecé el sueño. Entonces, seguí trepando por la reja y observé que la única manera de pasar al otro lado era por una abertura que se encontraba cerca al techo y sobre la parte más baja de la escalera, corriendo así más riesgo. Estaba cansada, pero aún así trepé hasta llegar a la abertura y logré pasar con dificultad. Cuando salté hacia dentro, la enfermara me miraba con la cara fruncida. Abrí la pesada puerta despacio, entré en el patio y un sol demasiado radiante me cegó por un buen rato.