Recuerdo vagamente que estaba en un edificio, parecía una editorial, era muy reducido de espacio y todo estaba desordenado, había rumas de papeles y archivadores por todos lados. Un agente me acompañaba, lucía como el agente Smith de Matrix. No sé que hacía yo ahí, creo que era parte de algún grupo de trabajo y pasaba para inspeccionar cómo iba. Nos encontrábamos en un quinto piso. El agente me acompañó hasta el ascensor y se fue hacia uno de los estrechos pasillos. El ascensor era una chatarra, parecía una caja fuerte color verde militar. Cuando estuve dentro tuve una mala sensación, de pronto escuché un fuerte ruido y el ascensor se empezó a ir de picada hasta el primer piso. Yo estaba sentada en una de las esquinas con los brazos abiertos tratando de sostenerme de las paredes, gritando. La caída parecía eterna, finalmente la pesada caja cayó bruscamente al piso, el golpe fue doloroso, el ascensor se abolló y vi con horror cómo el techo del ascensor se encontraba más cerca de mí. Traté de consolarme pensando que ya no podía ser peor, que al menos ya había acabado, pero no era así. El ascensor empezó a sacudirse y súbitamente, se empezó a mover rapidísimo horizontalmente atravesando las oficinas, cada caída en un desnivel era espantosa, chocaba con escritorios, con rejas internas, hasta llegar casi a la entrada del edificio. Cuando el ascensor se encontraba ya en la recepción, se detuvo y con miedo supe lo que se venía. Nuevamente el ascensor se movió horizontalmente con violencia volviendo por la misma ruta, pasando por el lugar donde había caído hasta llegar a la pared de fondo del edificio, donde la caja rebotó alejándose varios metros, finalmente deteniéndose. Mientras yo, dentro, totalmente golpeada trataba de reincorporarme. Entre las puertas abolladas del ascensor se había abierto una ranura, entonces vi una mano gruesa entrar en la ranura y abrir con fuerza una puerta del ascensor. Era el agente, me tendió la mano y me ayudó a salir. Estábamos en un salón grande de paredes blancas, había papeles tirados por dondequiera. Caminé con dificultad hasta un rincón del salón y me dejé caer tratando de estar lo más alejada posible del ascensor asesino. Al sentarme, pude ver las profundas arañaduras sobre el parquet que había dejado el ascensor al desplazarse bruscamente. El agente revisaba el ascensor a través de sus lentes oscuros, al mismo tiempo que reportaba lo sucedido a alguien por walkie talkie. Yo me cogía la cabeza con ambas manos tratando de entender lo que sucedía. En eso, se abrió una puerta del fondo, se dejaba ver la luz del día sobre un jardín. Me levanté y caminé hacia la puerta, al salir, encontré a un grupo de muchachos con un guía que llevaba una camiseta blanca, shorts y chaleco beige, y el sombrero de Indiana Jones. Dijo "Ya estamos completos" y emprendió la caminata, los muchachos lo siguieron, entre ellos encontré a mi hermana, me acerqué a ella y le pregunté a dónde íbamos, ella dijo que nos dirigíamos al campo. Caminamos cuesta arriba de una colina, miré hacia la cima y vi al guía desaparecer tras ella. Cuando mi hermana y yo llegamos a la cima, vi una especie de punta cubierta de gras, tras ella sólo se veía el precipicio y una muerte segura. Le pregunté sorprendida "¿es necesarios que pasemos por aquí?" Ella me miró, alzó una pierna hacia el otro lado y saltó a lo que era un borde, sólo cuando estuve sobre la misma punta pude ver el camino que bordeaba el precipicio. Estaba muy adolorida con todo lo que había pasado, pero igual me esforcé por pasar al otro lado y alcanzar a la larga hilera de muchachos. El cielo estaba despejado y un arcoíris reinaba en el cielo, de pronto, me sentí estúpida en ese grupo de niños exploradores, así que traté de parecer indiferente con lo que el guía decía. Finalmente pasamos por un risco y llegamos a un llano, donde el guía extendía los brazos hacia el cielo y decía tontería y media. Cuando hubo terminado, nos dio un descanso. Me dirigí hacia un quiosco donde había un chico que vestía jeans, un polo blanco y una casaca verde oscuro con una franja naranja oblicua en cada brazo. El quiosco estaba totalmente cubierto de plantas y se encontraba pegado a una pared de piedra que parecía ser parte de unas ruinas, justo al lado del quiosco, había unas escalerillas de piedra bajo una entrada arqueada. Tras la pared se podía ver que continuaba el verde paisaje que ya habíamos visto. Dentro del kiosko, había un señor viendo una televisión pequeña en blanco y negro. Le pedí una Sprite y el chico de al lado me dijo “No compres, yo tengo una”. Entonces le dije al señor “Ya no quiero, gracias”. Pero el señor dijo “Lo siento, ya saqué una, tienes que pagarla”, al mismo tiempo que me mostraba una botella de Sprite con Inca Kola dentro. “Eso no es lo que le pedí” le dije. “Es Sprite”, replicó el señor. “La botella es de Sprite, pero el contenido es Inca Kola” le dije. “Ah, sí, ¿está mal?” preguntó. “Odio la Inca Kola” le contesté. “Está bien” dijo resignado. Me empecé a alejar con el chico mientras me decía que su Sprite la había comprado en un mini-market que parecía de grifo y que había estado todo el tiempo a nuestras espaldas. Me reí y de pronto apareció una chica en la entrada arqueada de piedra. Parecía una turista, estaba desesperada y se dirigió a nosotros, ya que éramos lo más cercano, por lo que retrocedimos hasta volver al kiosko. “¡Ayúdenme! ¡No sé qué le pasa a mi novio, está muy raro desde que se encontró con su amigo, está armado, está descontrolado, tiene la mirada perdida y dice que quiere desaparecer una planta muy rara, creo que se llama palmo o algo así!” nos dijo. Entonces recordé que esa planta era de un verde muy oscuro casi negro y que se parecía mucho a mi cabello y hasta tenía la misma composición. “¿Le has avisado a alguien?” preguntó el señor del kiosko. “Uds. son los primeros a los que encuentro” dijo. “¿Lo que tratas de decir es que tu novio está poseído?” preguntó el muchacho. “No lo sé” dijo la chica llorosa. De pronto vi en la parte superior de una inmensa roca que había tras ella, al hombre del que ella estaba hablando, apuntaba a la cabeza de la joven con un rifle. Entonces la empujé hacia la roca de tal manera que él no la vea, pero él bajó una pequeña pendiente y apareció al lado de ella, ésta gritó y la jalé de un brazo y los tres empezamos a correr. Entonces vi que los muchachos de la excursión que estaban dispersos en el campo, también corrían. La chica los siguió y se perdió en el campo, yo no sabía a dónde ir, el chico me cogió del brazo y me orientó hacia el mini-market, subimos unas escaleras con porcelanato. Entramos al mini-market y salimos por el otro lado. Nos encontrábamos en un pasillo cubierto con una pérgola llena de plantas con flores, a lo largo del pasillo, había una baranda de madera pintada de blanco que daba hacia un precipicio, me detuve a ver el paisaje, del otro lado del precipicio había unas inmensas colinas y al frente de nosotros pude ver el edificio de donde salí. Hacia un lado, muchos metros más abajo, pude ver una cascada, estaba admirada de ver tanta vegetación. Pero el muchacho que tenía al lado interrumpió, tras haber esperado unos minutos, no me había soltado el brazo y nuevamente me orientó corriendo, doblamos entrando a otro pasillo esta vez al aire libre y nos dirigimos hacia uno de los muchos saloncitos que había por el pasillo. Cerró la puerta de madera y miró hacia afuera a través de una delgada rendija. “Ven, por aquí” me dijo, lo seguí y subimos unas escaleras, al llegar al piso superior me di cuenta que estábamos en mi casa anterior, la luz del comedor, del porche y del estar estaban prendidas. El joven me miró y pude ver en sus ojos un resplandor que sólo tienen los adolescentes cuando quieren ser pícaros. Estaba a punto de acercarse cuando una turbulencia entró en el estar y apareció el novio poseído de la turista. Tenía los ojos desorbitados, llevaba unos vaqueros, una chaqueta de cuero y un viejo sombrero marrón claro, además del revólver en las manos. Alzó una mano hacia el muchacho y éste último salió despedido contra la pared cayendo inconsciente. Yo estaba muerta de miedo, sólo quedaba yo, sabía Dios a cuántos más habría lastimado o incluso matado. Sólo me quedaba una última carta, no tenía nada más que perder, si no lo hacía, igual me mataría. Recordé cuando la turista dijo que el poseído quería deshacerse de la planta rara, la que tenía el mismo compuesto que mi cabello, debía ser porque eso es lo que lo hace débil o seguramente lo mata. Corrí hacia él, tumbándolo, cogí mi cabello y se lo metí en la boca, el poseído gritaba con el rostro totalmente enrojecido, entonces traté de jalar con fuerza y arrancarme esa parte del cabello. Una vez que lo hice me arrastré lo más lejos que pude mientras veía como el espantoso sujeto moría asfixiado. Cuando dejó de respirar, me paré y me dirigí hacia aquel amable joven que yacía en el suelo. Lo tomé de un brazo, lo sacudí ligeramente y empezó a despertarse. Me alegré de que se encontrara bien y le dije “Quiero mi Sprite”.