Estábamos en un salón amplio y bien iluminado, parecía un set de televisión. El lugar estaba abarrotado de gente, gente que yo no conocía pero que habían asistido a mi fiesta, todos entraban y saludaban a mi hermana mayor, entonces me di cuenta de que ella había invitado a todos. Habían productores, directores, técnicos, artistas, toda la gente del medio audiovisual donde estudió mi hermana. Varios mozos pasaban con bandejas de cocteles, yo avanzaba tropezando con algunos de ellos a la vez que me hacía paso entre la gente hasta llegar a mi hermana. Ella me miró sonriente, me tendió un vasito de pisco sour y me dijo que una tal Saskia ya venía. En ese momento vi que muchas muchachas de mi edad se aglutinaban cerca de la entrada. La tal Saskia, una claun de la televisión, se acercaba como una loca gritando "¿quién es la cumpleañera? ¡quiero saber quién es la cumpleañera!", todas las chicas se le trepaban y mi hermana me empujaba para que me acerque a saludar. Fue entonces, que sonó una potente alarma, todos empezaron a correr en todas las direcciones y mi papá nos decía en voz alta "¡Bajen, bajen! ¡las espero en el auto!", corrí hasta la escalera de emergencia y cai en la cuenta de que todos habían bajado por las escaleras principales y yo era la única que iría por la de emergencia. Bajé corriendo a la vez que veía que nuevamente me encontraba en mi casa anterior, solo que habían más pisos. Cuando llegué al primer piso, salí corriendo por la puerta principal y miré la fachada, era un edificio nuevo de departamentos, pero entonces ¿era o no mi casa? Ya no había gente, todos habían salido antes que yo. Sentí frío y me vi con el uniforme de mi antiguo colegio puesto y encima con un chaleco rojo, tenía los brazos descubiertos. Entré corriendo y subí cuatro pisos rápidamente, había humo por todos lados y atravesando varios pasadizos que jamás había visto antes, entré al que supuestamente era mi cuarto, cogí mi casaca más abrigadora y al salir vi en una mesita mi vasito de pisco sour, lo cogí y mi hermana apareció frente a mí, señaló detrás mío y dijo "Él quiere saludarte". Voltié y vi a un señor con terno sentado al borde de mi cama con otro vasito de pisco sour en la mano. Empezaron a hablar entre ellos y yo me quedé parada, preocupada por salir cuanto antes. Les corté la conversación entonces, cogí a mi hermana del brazo , bajamos y salimos de la casa. Al frente, nos esperaban mi papá, mi mamá y mi hermana menor en el auto. Cuando íbamos a cruzar, una estrepitosa combi giró 90° en nuestra dirección y frenó al mismo tiempo de chirriaban las llantas. Nos quedamos perplejas, cara a cara con una combi a 30cm de nosotras. No pude ver al conductor, ni al copiloto, ni a los pasajeros, o quizás no habían. Lentamente, la combi retrocedió girando en sentido opuesto a su inicial recorrido y partió la carrera. Con miedo, cruzamos y subimos al auto. El carro empezó a andar, sin embargo mi papá estaba recostado en el asiento reclinado, con los brazos cruzados y durmiendo. Sólo cuando le dije "¡Dios! ¡Maneja!", perezosamente se incorporó y tomó el timón. Más tranquila, miré por la ventana y lo que vi eran carretillas heladeras, coloridas sombrillas, la gente alegre con vestidos raros de bolitas, extraños objetos, cubos flotando, todo al borde de un extenso mar que brillaba por el sol.
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